¿Podemos seguir dependiendo de las mismas fuentes de agua para producir alimentos en un escenario de sequías cada vez más frecuentes? La pregunta preocupa desde hace años a agricultores, investigadores y responsables de la gestión hídrica. Y no es para menos. El cambio climático está alterando las precipitaciones, las necesidades de riego aumentan en numerosas regiones y los recursos disponibles tienen que atender una demanda creciente.
Precisamente sobre este desafío gira uno de los principales informes científicos presentados en el Congreso Internacional de Riego y Drenaje, celebrado recientemente en Marsella, en cuya elaboración participó activamente Javier J. Cancela, investigador de PROePLA y profesor del Campus Terra de la Universidade de Santiago de Compostela (USC).
Cancela formó parte del panel internacional de expertos que contribuyó al informe correspondiente a la pregunta 68 del congreso, centrado en el potencial de los recursos hídricos no convencionales.
El trabajo estuvo liderado por un equipo de la Universidad de Córdoba, encabezado por el profesor Juan Antonio Rodríguez Díaz, y reúne investigaciones y experiencias de distintos países para responder a una cuestión fundamental: ¿hasta dónde pueden ayudarnos la reutilización y la desalinización a garantizar el agua que necesita la agricultura?
Reutilizar el agua: una oportunidad que todavía aprovechamos poco
Una de las conclusiones más llamativas del informe tiene que ver con la enorme cantidad de agua que, pese a haber sido tratada, todavía no vuelve a utilizarse. Según los datos recogidos en el estudio, en el mundo se generan aproximadamente 188.000 millones de metros cúbicos de aguas residuales tratadas al año, pero únicamente se reutilizan unos 40.700 millones.
La diferencia es considerable. Y es que hablamos de un recurso que podría aliviar la presión sobre las fuentes tradicionales, especialmente en territorios donde cada verano obliga a mirar con preocupación el nivel de los embalses.
Además, el agua regenerada puede aportar algo más que humedad a los cultivos. Su contenido en nutrientes, como nitrógeno, fósforo y potasio, permite en determinadas condiciones reducir el uso de fertilizantes convencionales.
De este modo, la reutilización encaja en un modelo de economía circular que busca aprovechar mejor los recursos disponibles. Eso sí, el informe insiste en que su aplicación exige controles de calidad, garantías sanitarias y una gestión adecuada para evitar riesgos ambientales.
España, entre los países europeos que más agua reutilizan
El trabajo dedica especial atención a España, cuya experiencia resulta especialmente interesante por la importancia del regadío y los problemas de disponibilidad de agua que afectan a numerosas zonas agrícolas.
Nuestro país destaca en la Unión Europea por el volumen de agua reutilizada. De hecho, el 72,4 % del agua regenerada en España se destina a usos agrícolas, según los datos analizados en el informe.
Sin embargo, disponer de tecnología no significa que todas las explotaciones puedan beneficiarse de ella. La distancia entre las estaciones depuradoras y las zonas de cultivo, los costes de transporte o las infraestructuras necesarias condicionan su viabilidad.
También hay que considerar qué ocurre con el agua que anteriormente regresaba a los ríos. Desviarla hacia el regadío puede ser beneficioso, pero requiere estudiar sus efectos sobre los ecosistemas que dependen de esos caudales.
En definitiva, reutilizar más agua es importante. Hacerlo correctamente, teniendo en cuenta las características de cada territorio, lo es todavía más.



La desalinización abre nuevas posibilidades, pero tiene un precio
La otra gran alternativa estudiada es la desalinización del agua marina, una tecnología especialmente valiosa en regiones costeras donde las lluvias son escasas o irregulares.
Su principal ventaja resulta evidente: permite disponer de agua sin depender directamente de las precipitaciones. Para determinadas explotaciones agrícolas, esta garantía de suministro puede marcar la diferencia entre mantener la producción o sufrir graves pérdidas durante una sequía.
Pero la desalinización tampoco es una solución sencilla. El informe recuerda que necesita cantidades importantes de energía, presenta costes elevados y genera salmueras cuya gestión debe realizarse con garantías ambientales.
Además, el agua obtenida necesita, en ocasiones, tratamientos adicionales para adecuar su composición a las necesidades de los cultivos y evitar problemas relacionados con determinados elementos, como el boro.
La incorporación de energías renovables, las mejoras tecnológicas y la combinación de distintas fuentes de agua aparecen como algunas de las vías más prometedoras para superar estas limitaciones.
No se trata de sustituir el agua convencional, sino de gestionar mejor todos los recursos
El informe llega a una conclusión especialmente relevante: la reutilización y la desalinización no pueden reemplazar por completo las fuentes tradicionales de agua, pero sí convertirse en aliados fundamentales para garantizar la seguridad hídrica.
Su verdadero potencial dependerá de cómo se integren en la planificación de cada territorio, de los costes que puedan asumir los agricultores y de la capacidad para combinar innovación, regulación y protección ambiental.
La participación de Javier J. Cancela en este trabajo internacional refleja, además, la contribución de PROePLA a la búsqueda de respuestas científicas para desafíos que afectan directamente al futuro del sector primario, iniciadas con la coordinación del proyecto I-ReWater (SUDOE).
Porque, al final, el gran reto no consiste únicamente en encontrar nuevas fuentes de agua. Consiste en aprender a aprovechar mejor cada recurso disponible sin comprometer los ecosistemas ni la producción de alimentos de las próximas generaciones.